lunes, 28 de junio de 2010
La muerta en el colectivo
Hace tan sólo un par años, un viejo colectivero volvía la terminal de ómnibus luego de un largo y cansador día de trabajo. Llovía fuertemente y la visibilidad del camino era casi nula. Luego de unas horas de camino, llegó al primer semáforo(su trayecto era por un camino de tierra en zonas rurales y luego volvía a la ciudad). Como quería llegar rápido a su casa, no lo respetó y siguió de largo, sin saber lo que le pasaría...Mientras seguía, ocupado con sus pensamientos, no vió a la chica que pasaba por el camino. El colectivo pasó sobre ella como si de una piedrita se tratara. El hombre entró en deseperación. Al ser de noche, había pocos o ningún auto o personas, y al no divisar ninguna, el colectivero continuó como si nada hubiese sucedido. Mientras seguía su trayecto hacia la terminal, preocupado por si alguien lo había visto, escuchó un sufrido y continuo llanto."Que extraño-pensó-todas las personas bajaron antes". Pero cuando se dispuso a mirar por el espejo retrovisor quien era, la visión que tuvo lo aterró. La chica que había atropellado lloraba descosoladamente en el asiento trasero
viernes, 18 de junio de 2010
El payaso
Una familia se mudó a una casa enorme. Cuando entraron había un cuadro de un payaso con la palma de la mano abierta, era muy bonito así que decidieron dejarlo.
Cuando llegó la noche todos se acostaron. A la mañana siguiente el padre de la familia murió. Nadie se dio cuenta en el payaso, pero e su mano había bajado un dedo.
A los pocos días murió la madre y el payaso bajó otro dedo. Así fue haciéndolo hasta que ya tenía todos los dedos bajados menos el meñique.
Aquella noche la casa se quemó y los bomberos fueron a apagarla, pero lo único que pudieron salvar fue el cuadro del payaso.
Después de pasar 10 años reformaron la casa y otra familia se mudó a vivir allí. Cuando entraron vieron el cuadro de el mismo payaso con la palma de su mano abierta...
Cuando llegó la noche todos se acostaron. A la mañana siguiente el padre de la familia murió. Nadie se dio cuenta en el payaso, pero e su mano había bajado un dedo.
A los pocos días murió la madre y el payaso bajó otro dedo. Así fue haciéndolo hasta que ya tenía todos los dedos bajados menos el meñique.
Aquella noche la casa se quemó y los bomberos fueron a apagarla, pero lo único que pudieron salvar fue el cuadro del payaso.
Después de pasar 10 años reformaron la casa y otra familia se mudó a vivir allí. Cuando entraron vieron el cuadro de el mismo payaso con la palma de su mano abierta...
miércoles, 9 de junio de 2010
Nuestra Señora del Carmen de la Tirana
Nuestra Señora del Carmen de la Tirana. Cuenta la leyenda que en 1520 viajó por los territorios del sur del imperio incásico (ahora chile) el
adelantado Diego de Almagro, acompañado del sumo sacerdote del sol y su hija, una bellísima
"ñusta" (princesa noble inca) de 23 años. Ellos fueron incorporados por Almagro para evitar un
alzamiento de los indígenas que lo acompañaban, que eran un número muy superior al de los
españoles.
Al regresar al Cuzco, Almagro se enteró del alzamiento en contra del dominio español, al mismo tiempo que el sacerdote intentaba la misma rebelión en la expedición. Al ser descubierto, el sumo sacerdote junto a doce oficiales, intentaron huir, pero fueron capturados y ajusticiados por los españoles, en presencia de la propia ñusta.
Inmediatamente después la princesa incásica huyó,seguida de un centenar de leales guerreros y servidores y se internó en los bosques de la pampa del tamarugal.
La ñusta se convirtió en sacerdotisa y jefe militar de sus hombres. A partir de ese momento ordenó ejecutar a todo español que cayera en manos de sus soldados. La fama de su belleza y crueldad traspasó los límites de su campo de operaciones y empezó a atraer rebeldes de otras comarcas, los que llegaban a ponerse a las órdenes de la que ya era conocida como "La Tirana del Tamarugal".
Un apuesto joven portugués de nombre Vasco de Almeida, trabajaba en esos años en la mina de plata de Huantajaya de Iquique. Una noche Almeida soñó con la Virgen del Carmen, quién le señaló la ruta para llegar a la fabulosa Mina del Sol que le había sido mencionada por un cacique amigo.
Alucinado por su sueño y desobedeciendo los consejos de sus amigos, Almeida se internó en la Pampa del Tamarugal, donde fue aprisionado por los guerreros de la princesa. La ñusta, apenas lo vió, supo de inmediato que no lo podía condenar a muerte. Almeida era un mozo altivo, hermoso y gallardo.
De acuerdo a lo ordenado por el Consejo de Ancianos, el prisionero debía morir, sin
embargo la princesa recurrió a un ardid para salvarle, señalando que la sentencia
debía sser confirmada por los astros, los que demostraron su benevolencia al ser
consultados en la misma noche por La Tirana: el prisionero no podía ser ejecutado
antes del cuarto plenilunio. La princesa descuidó todos sus deberes y la conduccion militar de sus hombres. Toda su dedicación estuvo para el prisionero que ella, personalmente, custodiaba en su casa de piedra. Sus deberes de sacerdotisa también los descuidó, lo que causó una creciente ira en sus guerreros, la que alcanzó su clímax cuando se enteraron de que la ñustase había convertido en la amante del portugués condenado a muerte. En su afán de salvarle la vida, la princesa trató de
llevarlo a su fé en el Inti o Dios Sol, pero todo ocurrió al revés: fue Almeida el que la convirtió al cristianismo.
La ñusta se convirtió finalmente y pocos días antes del cuarto plenilunio, los amantes se juntaron en un claro del bosque, junto a un manantial (se supone que en ese lugar está construido el pueblo de La Tirana). Allí Almeida bautizó a su amante con el nombre de María.
adelantado Diego de Almagro, acompañado del sumo sacerdote del sol y su hija, una bellísima
"ñusta" (princesa noble inca) de 23 años. Ellos fueron incorporados por Almagro para evitar un
alzamiento de los indígenas que lo acompañaban, que eran un número muy superior al de los
españoles.
Al regresar al Cuzco, Almagro se enteró del alzamiento en contra del dominio español, al mismo tiempo que el sacerdote intentaba la misma rebelión en la expedición. Al ser descubierto, el sumo sacerdote junto a doce oficiales, intentaron huir, pero fueron capturados y ajusticiados por los españoles, en presencia de la propia ñusta.
Inmediatamente después la princesa incásica huyó,seguida de un centenar de leales guerreros y servidores y se internó en los bosques de la pampa del tamarugal.
La ñusta se convirtió en sacerdotisa y jefe militar de sus hombres. A partir de ese momento ordenó ejecutar a todo español que cayera en manos de sus soldados. La fama de su belleza y crueldad traspasó los límites de su campo de operaciones y empezó a atraer rebeldes de otras comarcas, los que llegaban a ponerse a las órdenes de la que ya era conocida como "La Tirana del Tamarugal".
Un apuesto joven portugués de nombre Vasco de Almeida, trabajaba en esos años en la mina de plata de Huantajaya de Iquique. Una noche Almeida soñó con la Virgen del Carmen, quién le señaló la ruta para llegar a la fabulosa Mina del Sol que le había sido mencionada por un cacique amigo.
Alucinado por su sueño y desobedeciendo los consejos de sus amigos, Almeida se internó en la Pampa del Tamarugal, donde fue aprisionado por los guerreros de la princesa. La ñusta, apenas lo vió, supo de inmediato que no lo podía condenar a muerte. Almeida era un mozo altivo, hermoso y gallardo.
De acuerdo a lo ordenado por el Consejo de Ancianos, el prisionero debía morir, sin
embargo la princesa recurrió a un ardid para salvarle, señalando que la sentencia
debía sser confirmada por los astros, los que demostraron su benevolencia al ser
consultados en la misma noche por La Tirana: el prisionero no podía ser ejecutado
antes del cuarto plenilunio. La princesa descuidó todos sus deberes y la conduccion militar de sus hombres. Toda su dedicación estuvo para el prisionero que ella, personalmente, custodiaba en su casa de piedra. Sus deberes de sacerdotisa también los descuidó, lo que causó una creciente ira en sus guerreros, la que alcanzó su clímax cuando se enteraron de que la ñustase había convertido en la amante del portugués condenado a muerte. En su afán de salvarle la vida, la princesa trató de
llevarlo a su fé en el Inti o Dios Sol, pero todo ocurrió al revés: fue Almeida el que la convirtió al cristianismo.
La ñusta se convirtió finalmente y pocos días antes del cuarto plenilunio, los amantes se juntaron en un claro del bosque, junto a un manantial (se supone que en ese lugar está construido el pueblo de La Tirana). Allí Almeida bautizó a su amante con el nombre de María.
lunes, 31 de mayo de 2010
Mamá Luna
Lobito hacia tiempo que vivía sin mamá y papá por ello Luna y Sol habían decidido cuidarlo. En las mañanas lobito quedaba con papá Sol y en las tardes y noches con mamá Luna.
Durante las mañanas papá Sol, lo despertaba con sus pequeños rayos solares mientras que en la noche mamá Luna ya subía el nivel de agua del lago para que se refresque con su desayuno en la mañana.
Para el medio día papá Sol le indicaba los lugares donde lobito podía comer y cuando estaba a punto de peligrar de rato en rato tenia que quemarlo un poco para evitar que haga travesuras.
Cuando llegaba la tarde Sol y Luna se encontraban y arrullaban la siesta de lobito.
En la noche Luna le enseñaba a cantar y a llamarla para cuando la necesite. Por ello lobito aprendió a subir a una colina y a llamar a mamá Luna.
Lobito también había aprendido que cuando mamá estaba creciente, significaba que estaba contenta ya que era la sonrisa que solo mamá Luna podía ofrecer.
Cuando se portaba mal como toda mamá se enfadaba se ponía menguante hasta que Lobito aprendía la lección y nuevamente se ponía creciente para felicidad de los dos.
Cuando el sueño embargaba a Lobito mamá Luna arrullaba su sueño con su forma gibosa que se mecía de un lado para el otro.
Cuando lobito enfermaba Luna se ponía nueva para esperar el mal se vaya y el bebé mejore.
Cuando todo era dicha, era muy notorio ver a Luna feliz con su cachorro creciendo porque estaba llena de felicidad.
Cierta ocasión Sol hablo con Luna y le dijo que al norte él había encontrado a la familia de lobito. La noticia los puso triste porque era la primera vez que Sol y Luna habían tenido un hijo y les daba pena tener que separarse de él.
Pero el amor de ambos era tan grande que sabían que la felicidad de su lobito estaba al lado de sus verdaderos papás, por ello una noche lo guiaron hasta su familia.
Lobito llegó con su familia, pero hay algo que nunca olvido, pues cada noche subía a la colina y aullaba para llamar a mamá Luna. Poco después enseño a sus hermanitos a llamarla.
Sol y luna quedaron sorprendidos porque en vez de haber perdido un hijo como pensaron a un principio ganaron cientos, porque los animalitos hasta ahora cuando son pequeños se enseñan aquello que lobito aprendió hace mucho tiempo. “Llamar de un aullido a mamá Luna.”
Durante las mañanas papá Sol, lo despertaba con sus pequeños rayos solares mientras que en la noche mamá Luna ya subía el nivel de agua del lago para que se refresque con su desayuno en la mañana.
Para el medio día papá Sol le indicaba los lugares donde lobito podía comer y cuando estaba a punto de peligrar de rato en rato tenia que quemarlo un poco para evitar que haga travesuras.
Cuando llegaba la tarde Sol y Luna se encontraban y arrullaban la siesta de lobito.
En la noche Luna le enseñaba a cantar y a llamarla para cuando la necesite. Por ello lobito aprendió a subir a una colina y a llamar a mamá Luna.
Lobito también había aprendido que cuando mamá estaba creciente, significaba que estaba contenta ya que era la sonrisa que solo mamá Luna podía ofrecer.
Cuando se portaba mal como toda mamá se enfadaba se ponía menguante hasta que Lobito aprendía la lección y nuevamente se ponía creciente para felicidad de los dos.
Cuando el sueño embargaba a Lobito mamá Luna arrullaba su sueño con su forma gibosa que se mecía de un lado para el otro.
Cuando lobito enfermaba Luna se ponía nueva para esperar el mal se vaya y el bebé mejore.
Cuando todo era dicha, era muy notorio ver a Luna feliz con su cachorro creciendo porque estaba llena de felicidad.
Cierta ocasión Sol hablo con Luna y le dijo que al norte él había encontrado a la familia de lobito. La noticia los puso triste porque era la primera vez que Sol y Luna habían tenido un hijo y les daba pena tener que separarse de él.
Pero el amor de ambos era tan grande que sabían que la felicidad de su lobito estaba al lado de sus verdaderos papás, por ello una noche lo guiaron hasta su familia.
Lobito llegó con su familia, pero hay algo que nunca olvido, pues cada noche subía a la colina y aullaba para llamar a mamá Luna. Poco después enseño a sus hermanitos a llamarla.
Sol y luna quedaron sorprendidos porque en vez de haber perdido un hijo como pensaron a un principio ganaron cientos, porque los animalitos hasta ahora cuando son pequeños se enseñan aquello que lobito aprendió hace mucho tiempo. “Llamar de un aullido a mamá Luna.”
lunes, 24 de mayo de 2010
La leyenda de doña Beatriz
Vivía en la ciudad de México una hermosa joven, doña Beatriz, de tan extraordinaria belleza, que era imposible verla sin quedar rendido a sus encantos.
Contábanse entre sus muchos admiradores la mayor parte de la nobleza mexicana, y los más ricos potentados de Nueva España; pero el corazón de la bella latía frío e indiferente ante los requerimientos y asiduidades amorosas de sus tenaces amantes. Y así pasaba el tiempo; pero, como todo tiene un término en la vida, llegó el momento en que el helado corazón de doña Beatriz se incendió en amores.
Ello fue en un fastuoso baile que daba la embajada de Italia.
Allí conoció doña Beatriz a un joven italiano, don Martín Scípoli, de esclarecida y noble estirpe. La indiferencia de doña Beatriz fundióse entonces como la nieve bajo la caricia de los rayos solares, y sintióse la hermosa poseída de un nuevo sentimiento, en tanto que el joven, por su parte, se había también enamorado profundamente.
Poco tiempo después, don Martín se mostró excesivamente celoso de todos los demás adoradores de la hermosa doña Beatriz, promoviendo continuas reyertas y desafiándose con aquellos que él suponía que pretendían arrebatarle sus amores. Y tan frecuentes eran estas querellas, que doña Beatriz estaba afligida, y en su corazón comenzó a arraigar el temor de que don Martín sólo se había enamorado de su hermosura, de modo que, cuando ésta se marchitara, moriría, indefectiblemente el gran amor que ahora le profesaba.
Esta preocupación embargó su mente y amargó su vida en forma tal, que decidió tomar una resolución terrible, para poner a prueba el amor de su galán. Y al efecto, en el deseo de saber si don Martín la quería sólo por su belleza, un día en que su padre se hallaba de viaje, con un pretexto despidió a todos sus criados para quedar sola en su casa.
Encendió el brasero que tenía en su habitación, colocó enfrente la imagen de santa Lucía y ante ella rezó fervorosamente para pedirle le concediera fuerza y valor con que poner por obra su propósito. Después, atándose ante los ojos un pañuelo mojado, se inclinó sobre el brasero, y soplando avivó el fuego hasta que las llamas rozaron sus mejillas. Luego metió su hermosa cara entre las ascuas.
Terminada esta terrible operación, cubrió su rostro con un tenue velo blanco y mandó llamar a don Martín. Una vez en su presencia, apartó lentamente el velo que le cubría el rostro desfigurado por el fuego y se lo mostró al galán; solamente brillaban en todo su esplendor sus hermosos ojos relucientes como las estrellas. Por un momento su amante quedó horrorizado contemplándola. Luego la estrechó en sus brazos amorosamente. La prueba había dado un resultado feliz, y durante todos los años de su dichoso matrimonio, doña Beatriz no volvió a sentir el temor de que don Martín sólo la amara por su hermosura.
Fin
Contábanse entre sus muchos admiradores la mayor parte de la nobleza mexicana, y los más ricos potentados de Nueva España; pero el corazón de la bella latía frío e indiferente ante los requerimientos y asiduidades amorosas de sus tenaces amantes. Y así pasaba el tiempo; pero, como todo tiene un término en la vida, llegó el momento en que el helado corazón de doña Beatriz se incendió en amores.
Ello fue en un fastuoso baile que daba la embajada de Italia.
Allí conoció doña Beatriz a un joven italiano, don Martín Scípoli, de esclarecida y noble estirpe. La indiferencia de doña Beatriz fundióse entonces como la nieve bajo la caricia de los rayos solares, y sintióse la hermosa poseída de un nuevo sentimiento, en tanto que el joven, por su parte, se había también enamorado profundamente.
Poco tiempo después, don Martín se mostró excesivamente celoso de todos los demás adoradores de la hermosa doña Beatriz, promoviendo continuas reyertas y desafiándose con aquellos que él suponía que pretendían arrebatarle sus amores. Y tan frecuentes eran estas querellas, que doña Beatriz estaba afligida, y en su corazón comenzó a arraigar el temor de que don Martín sólo se había enamorado de su hermosura, de modo que, cuando ésta se marchitara, moriría, indefectiblemente el gran amor que ahora le profesaba.
Esta preocupación embargó su mente y amargó su vida en forma tal, que decidió tomar una resolución terrible, para poner a prueba el amor de su galán. Y al efecto, en el deseo de saber si don Martín la quería sólo por su belleza, un día en que su padre se hallaba de viaje, con un pretexto despidió a todos sus criados para quedar sola en su casa.
Encendió el brasero que tenía en su habitación, colocó enfrente la imagen de santa Lucía y ante ella rezó fervorosamente para pedirle le concediera fuerza y valor con que poner por obra su propósito. Después, atándose ante los ojos un pañuelo mojado, se inclinó sobre el brasero, y soplando avivó el fuego hasta que las llamas rozaron sus mejillas. Luego metió su hermosa cara entre las ascuas.
Terminada esta terrible operación, cubrió su rostro con un tenue velo blanco y mandó llamar a don Martín. Una vez en su presencia, apartó lentamente el velo que le cubría el rostro desfigurado por el fuego y se lo mostró al galán; solamente brillaban en todo su esplendor sus hermosos ojos relucientes como las estrellas. Por un momento su amante quedó horrorizado contemplándola. Luego la estrechó en sus brazos amorosamente. La prueba había dado un resultado feliz, y durante todos los años de su dichoso matrimonio, doña Beatriz no volvió a sentir el temor de que don Martín sólo la amara por su hermosura.
Fin
lunes, 19 de abril de 2010
Bienvenido a Leyendas Cortas
En este blog encontrarás una colección con las más curiosas leyendas cortas de la red.
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